Quién
dudaría de lo regocijante que es vivir en los tiempos que habitamos, donde la
tecnología nos permite mantenernos conectados unos con otros casi
constantemente, donde todo el mundo es erudito sin existir alumnos, donde la
igualdad es el calificativo reinante en la red virtual de la vida por internet. El mundo de las Tecnologías de la Información y el Conocimiento parece
aportarle a cada persona la posibilidad de acceder a un mundo de información, a
un mar interminable de datos en donde buscar su futuro y prosperidad.
“Estar
conectado es estar” decía una publicidad, ilustrando claramente como el mundo social
se ha digitalizado obligando a adherirse, directa e indirectamente, a quienes
no participen en este gran mundo feliz de interacciones por la RED virtual.
Existen hoy
en día gran cantidad de discursos sobre las TIC y su beneficio para con la
sociedad, y quienes nacimos en el paradigma de las mismas, sabemos de qué
hablan, sobre todo cuando buscamos nuestra información para nuestros estudios a
través de Wikipedia, o cuando nos contactamos con nuestros amigos en el exterior al mismo tiempo que leemos la prensa virtual
de Argentina, Brasil y la nuestra propia,
casi simultáneamente.
Todo parece
beneficioso en este mundo feliz digitalizado, que como lo dijo Negro Ponte (pensador
del plan Ceibal), “convierte los átomos en bites”. Sin embargo, si estamos en Brasil, Argentina y
vaya a saber uno en que otro país; ¿Dónde estamos realmente? Estamos sentados
en mismo computador que deseamos cambiar, en el mismo país que nos
vio nacer pero que solo lo conocemos por fotos en Facebook, y estamos,
definitivamente, solapados bajos los mismos problemas sociales, económicos y
políticos que nos rompían el coco antes de conectarnos.
La sociedad, y algún que otro político, ha sido convencida de que las
nuevas tecnologías son el futuro del mundo, y que a través de ellas, se pueden
lograr los cambios sociales necesarios para llegar a una igualdad social,
accediendo a la información necesaria para construir nuestro futuro.
Existe en este argumento un pequeño gran problema. Los tecnócratas han
confundido el término información con conocimiento (¿habrá sido intencional?). El hecho de que todos accedamos a la
información no quiere decir de manera homóloga que poseamos conocimiento. La información
es solo datos sobre cierto hecho de la realidad. Por el contrario, conocimiento
es una perspectiva sobre la realidad, una postura ante los hechos que determina
nuestra manera de actuar frente a los fenómenos que se nos enfrentan.
No podemos decir entonces, que las TIC nos permitan poseer más o menos
conocimiento, o ser más o menos
académicos, o más o menos educados, simplemente nos da la posibilidad de ser,
en el más fortuito de los casos, monos que saben el cumpleaños de Steve Jobs.
He aquí mi crítica al Plan Ceibal. La situación a las que están sometidos
los chicos por medio de sus XO, es similar, casi metafórica, a la de meterlos
en la biblioteca más grande del mundo y decirles, “vamos chicos, construyan un
mundo de igualdad y felicidad, ahí tiene la información.”
En definitiva, no es necesario velocidad y cantidad de información para
envolver a las nuevas generaciones en las sociedades del conocimiento, se
necesita un BUEN SISTEMA EDUCACIONAL DE PRIMARIA Y SECUNDARIA (este no necesita
de laptops para desarrollarse).
Hay otra cuestión; una vez que se incorpora una técnica en determinada
sociedad, en este caso las XO, inevitablemente esta trae consigo ciertos
efectos tanto individuales como sociales, en la medida en la que esta se vuelva
una tecnología (que por cierto el Plan Ceibal ya lo hizo al
institucionalizarse). Estos efectos son, en su gran mayoría, poco predecibles,
y sobre todo, irreversibles.
Muchos podrán criticar este artículo, sobre todo teniendo el básico
argumento de que utilizo las TIC para criticarlas. De todos modos, la igualdad
del mundo se logrará en la medida en que desarrollemos un sistema educacional
TANGIBLE, que genere interés y conocimiento para lograr una sociedad más justa en las
futuras generaciones, una sociedad de pensadores y hacedores, con mente crítica
y sabedora de los problemas reales, no virtuales, del mundo que los rodea.
Si me preguntan si estoy en contra del desarrollo de la técnica diré que
no; soy enemigo de ser esclavo de la técnica, y soy partidario, ante todo, de
los abrazos medidos en calor humano y no en bites, soy portador del estandarte
del discurso oral y los gestos que lo acompañan, soy, y quiero ser partícipe en
el futuro, de un mundo que no se termina cada vez que bajo el interruptor.
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