jueves, 10 de noviembre de 2011

Ser intangible.


Quién dudaría de lo regocijante que es vivir en los tiempos que habitamos, donde la tecnología nos permite mantenernos conectados unos con otros casi constantemente, donde todo el mundo es erudito sin existir alumnos, donde la igualdad es el calificativo reinante en la red virtual de la vida por internet. El mundo de las Tecnologías de la Información y el Conocimiento parece aportarle a cada persona la posibilidad de acceder a un mundo de información, a un mar interminable de datos en donde buscar su futuro y prosperidad.

“Estar conectado es estar” decía una publicidad, ilustrando claramente como el mundo social se ha digitalizado obligando a adherirse, directa e indirectamente, a quienes no participen en este gran mundo feliz de interacciones por la RED virtual.

Existen hoy en día gran cantidad de discursos sobre las TIC y su beneficio para con la sociedad, y quienes nacimos en el paradigma de las mismas, sabemos de qué hablan, sobre todo cuando buscamos nuestra información para nuestros estudios a través de Wikipedia, o cuando nos contactamos con nuestros amigos en el exterior  al mismo tiempo que leemos la prensa virtual de Argentina, Brasil  y la nuestra propia, casi simultáneamente.

Todo parece beneficioso en este mundo feliz digitalizado, que como lo dijo Negro Ponte (pensador del plan Ceibal), “convierte los átomos en bites”.  Sin embargo, si estamos en Brasil, Argentina y vaya a saber uno en que otro país; ¿Dónde estamos realmente? Estamos sentados en  mismo computador  que deseamos cambiar, en el mismo país que nos vio nacer pero que solo lo conocemos por fotos en Facebook, y estamos, definitivamente, solapados bajos los mismos problemas sociales, económicos y políticos que nos rompían el coco antes de conectarnos.

La sociedad, y algún que otro político, ha sido convencida de que las nuevas tecnologías son el futuro del mundo, y que a través de ellas, se pueden lograr los cambios sociales necesarios para llegar a una igualdad social, accediendo a la información necesaria para construir nuestro futuro.

Existe en este argumento un pequeño gran problema. Los tecnócratas han confundido el término información con conocimiento (¿habrá sido intencional?).  El hecho de que todos accedamos a la información no quiere decir de manera homóloga que poseamos conocimiento. La información es solo datos sobre cierto hecho de la realidad. Por el contrario, conocimiento es una perspectiva sobre la realidad, una postura ante los hechos que determina nuestra manera de actuar frente a los fenómenos que se nos enfrentan.

No podemos decir entonces, que las TIC nos permitan poseer más o menos conocimiento, o  ser más o menos académicos, o más o menos educados, simplemente nos da la posibilidad de ser, en el más fortuito de los casos, monos que saben el cumpleaños de Steve Jobs.

He aquí mi crítica al Plan Ceibal. La situación a las que están sometidos los chicos por medio de sus XO, es similar, casi metafórica, a la de meterlos en la biblioteca más grande del mundo y decirles, “vamos chicos, construyan un mundo de igualdad y felicidad, ahí tiene la información.”

En definitiva, no es necesario velocidad y cantidad de información para envolver a las nuevas generaciones en las sociedades del conocimiento, se necesita un BUEN SISTEMA EDUCACIONAL DE PRIMARIA Y SECUNDARIA (este no necesita de laptops para desarrollarse).

Hay otra cuestión; una vez que se incorpora una técnica en determinada sociedad, en este caso las XO, inevitablemente esta trae consigo ciertos efectos tanto individuales como sociales, en la medida en la que esta se vuelva una tecnología (que por cierto el Plan Ceibal ya lo hizo al institucionalizarse). Estos efectos son, en su gran mayoría, poco predecibles, y sobre todo, irreversibles.

Muchos podrán criticar este artículo, sobre todo teniendo el básico argumento de que utilizo las TIC para criticarlas. De todos modos, la igualdad del mundo se logrará en la medida en que desarrollemos un sistema educacional TANGIBLE, que genere interés y conocimiento  para lograr una sociedad más justa en las futuras generaciones, una sociedad de pensadores y hacedores, con mente crítica y sabedora de los problemas reales, no virtuales, del mundo que los rodea.

Si me preguntan si estoy en contra del desarrollo de la técnica diré que no; soy enemigo de ser esclavo de la técnica, y soy partidario, ante todo, de los abrazos medidos en calor humano y no en bites, soy portador del estandarte del discurso oral y los gestos que lo acompañan, soy, y quiero ser partícipe en el futuro, de un mundo que no se termina cada vez que bajo el interruptor.

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