lunes, 3 de octubre de 2011

Del mundo a las palabras.

El universo de la palabra es casi tan grande como el dela conciencia. Hay que saber el verdadero valor de la tecnología sistémica de la lengua.
Un tradición de pensamiento científico, estrictamente dogmatizado, y caprichosamente impuesto a las generaciones siguientes, contaminó nuestra visión de la lengua y la comunicación, convirtiéndola en literales escupitajos de mensajes dirigidos a un receptor con la misma conciencia comunicativa de un animal.
 De lo que no nos damos cuenta, es que la lengua, y ya lo dijo Lotman, es "un código mas su historia". No cabe concebir las lenguas del mundo como simples sistemas de signos asociados mediante reglas de combinación, por el contrario, es necesario concebirlas como el resultado de una conciencia histórica colectiva.
Solo basta pensar en lo que nos provocan algunas palabras en el discurso cotidiano. Nos avergonzamos en la situación en la que nos toca hablar de amor, y la pronunciación de la palabra se vuelve casi un murmullo enredado en nuestros labios. Y esto no es por el conocimiento de la denotación propia del signo, si no, por la profunda connotación que nace en lo mas profundo de nuestro ser, ligada estrechamente a nuestra experiencia, y al legado de la historia sentimental de la sociedad que formamos.
La angustia del perdedor al recordar ese primer y único amor que tocó sus labios y rompió su corazón; la vergüenza del galán recordándose así mismo vendiendo su dignidad por amor.
Por suerte o por azar, la lengua, y el lenguaje en general, son reflejo de lo que somos como individuos y como porción del universo.

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